Seis claves que ayudan a comprenderlo

Por Fernando Cermelo

Originalidad. Onetti es uno de los escritores más originales de la lengua española. Su originalidad se debe en parte a la modulación de las frases, a los recursos poéticos que usa en la prosa, y sobre todo a la actitud frente a la figura del escritor comprometido socialmente. En una entrevista comparó su forma de escribir en oposición a la de Vargas Llosa. Para ambos, la escritura era como una mujer, pero mientras que para Vargas Llosa era una esposa, con quien cumplía una serie de responsabilidades y compromisos, para Onetti era una amante: lo impulsaba el deseo, los caprichos, la ausencia de planes u objetivos.

Novela: El astillero es la novela por la que se podría entrar al universo de Onetti: largas frases laberínticas, progresivo aislamiento de la realidad inmediata del lector para ingresar en otra realidad, llena de imágenes (algunas terribles), de tramas complejas, de cosas no dichas, fatales. La novela no cuenta sólo una historia, sino que cuenta la invención misma de una historia que adquirirá otros perfiles a lo largo de toda la obra del escritor. La novela habla de su propia naturaleza y todas las novelas de Onetti se refieren a las mismas obsesiones y tal vez a una única y gran historia.

Exclusión: la soledad, la incomunicación, la marginalidad son los temas que más preocuparon y fascinaron al escritor. A partir del aislamiento de un personaje o del narrador, que es consecuencia de un malentendido, o causa de éste, surgen las mejores historias. No lo que realmente pasa, sino lo que un personaje iluso o resentido cree que sucede o imagina en su soledad a partir de algunos fragmentos de realidad que recibe de manera distraída, indolente.

Timidez: Siempre tuvo fama de parco, de renegado, de intransigente. En un momento de su vida, Onetti se recluye en su casa y no sale de la cama. Ese carácter ha sido justificado por él mismo como un problema de timidez. En algunos de sus relatos más brillantes (El infierno tan temido, Justo el treinta y uno, La novia robada) el mal y el crimen pueden atribuirse también a caracteres tímidos: personajes que no dicen lo que tienen que decir, ni hacen lo que deberían hacer, o lo hacen sin justificación, no porque sean perversos, sino porque son tímidos.

Tristezas y terrores: Como Baudelaire, como los malditos franceses, Onetti explotó las posibilidades estéticas del mal, de la tristeza, del “spleen” del hombre urbano. Para mostrar esos conflictos, crea un espacio –la ciudad de Santa María- que puede ser el símbolo de cualquier ciudad latinoamericana, o mundial, o un reflejo del infierno dantesco. También, como sus amados maestros en lengua inglesa (Melville, Joyce, Faulkner, Hemingway) muestra el lado terrible de la realidad humana y vislumbra lo poético y bello que hay en ese mal

Invención: Para Onetti, la literatura no era reflejo de la realidad, sino una pura invención. Dijo que su comienzo como escritor estaba relacionado con la mentira. Todos sus personajes o narradores mienten: o no dicen la verdad, o la ocultan, o hacen circular distintas versiones de un acontecimiento determinado, haya sucedido o no. La literatura es una mentira refinada y en uno de los consejos que da Onetti a los jóvenes escritores es categórico: “Mentir siempre”

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