Homenaje al policial, por Adriana Badagnani

Quien haya leído alguna de las novelas de Pablo De Santis no se sorprenderá porque su último trabajo haya obtenido uno de los mayores premios de la literatura latinoamericana: el galardón Planeta – Casa América. La prosa de De Santis es tan precisa como rica, tan bella formalmente como atrapantes sus argumentos.

Pablo De Santis es un usual lector de policiales, de manera que construyó este trabajo como un homenaje al policial inglés. El escritor acata todas las normas del género: un asesinato que nos intriga, la historia de un crimen que dice más sobre los investigadores que sobre los culpables, un par de mujeres sensuales y misteriosas, un detective con una personalidad compleja y contradictoria.

Daniel Link argumentó que en la Argentina no pudo desarrollarse la novela policial por faltar los presupuestos básicos que la suponen: leyes sólidas de acatamiento riguroso, la idea de detectives racionales con una óptica científica y desinteresada para abordar sus casos. De Santis, no obstante, logra un policial argentino gracias a una gran astucia argumentativa. Imagina que en la Exposición Universal de París de 1889 se reunieron los mejores doce detectives del mundo con la idea de mostrar los novedosos métodos con los que combatían al crimen. Una serie de accidentes llevarán a que un joven argentino, ayudante de un detective,  acuda a esa gran reunión. Como no podía ser de otra manera, uno de los detectives es asesinado, lo que dará lugar a una investigación con pistas múltiples.

De Santis logra en El enigma de París conectar lo histórico con lo policial, la reflexión sobre la naturaleza de este particular género con un relato inquietante. El motivo de la Exposición Universal nos muestra cómo en el Centenario de la revolución el mundo del maquinismo mostraba su triunfo erigiendo su mayor símbolo: la Torre Eiffel. De la misma forma, una Argentina pujante y orgullosa quería mostrar ante el mundo las riquezas que la estaban transformando en una nueva potencia. Por otra parte, el autor nos acerca a muchos de los juegos del género: la distancia entre el caso policial y su versión literaria o la importancia de la figura del ayudante como voz que en diálogo socrático con el detective construye el relato.

De Santis es un investigador minucioso: así como en su anterior novela –La sexta lámpara– incursionó en el mundo de la arquitectura moderna en Nueva York, Europa y su influencia en Argentina; en El enigma de París analiza el clima de la Belle Epoque y sus ecos en nuestro país. Y, sin embargo, ese buen retrato no transforma a su novela en pesado enciclopedismo o pedante erudición, porque estos elementos están puestos al servicio de una trama, y el misterio nos gana.

Así como Guillermo Martínez pudo unir policial y matemática en su inteligente novela Crímenes Imperceptibles –ganadora del Premio Planeta 2003-, De Santis aúna policial e historia en un relato que esperemos obtenga la resonancia del de Martínez.

Fragmento de El misterio de París:

“Estamos perdidos. Hace tiempo estamos perdidos. Intentamos en vano aplicar nuestro método a un mundo cada vez más caótico; necesitamos criminales ordenados para que nuestras teorías resulten, pero sólo encontramos males sin orden, males sin fin.”

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